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Hölderlin - Scardanelli

«Yo, señor mío, ya no tengo el mismo nombre»; negará su nombre civil ante un tal Waiblinger, y haciendo una reverencia le dirá llamarse `Kallalusimeno`, `Buonarotti`, `Scardanelli`. En 1807, a la edad de 37 años, lo toma bajo su tutela la familia Zimmer. En la casa a orillas del Neckar vivirá durante 36 años. Sólo unos pocos contemporáneos le reconocieron como el `poeta más grande`, y sin embargo el dictum del poeta desconocido, postergado, olvidado se convirtió en un modelo para todo el siglo XIX. La prognosis de Karoline von Woltmann -1843- había de cumplirse: «Hölderlin ascenderá al firmamento literario [...], cuando Alemania pueda soportar poetas de su grandiosidad conceptual y su sencillez expresiva». Nos estaba reservado a nuestro siglo.

Con el descubrimiento por Norbert von Hellingrath de la obra tardía de Hölderlin, se abre en 1910 una época que marca una brecha en la recepción de Hölderlin, a la cual se unen los nombres de Stefan George y Karl Wolfskehl. El cuarto volumen de la edición histórico-crítica de Hellingrath contiene el núcleo esencial, «corazón, núcleo y cima de la obra hölderliniana, el auténtico legado» -odas, elegías, himnos, fragmentos y las versiones de Píndaro y de Sófocles. Dentro hay reunidos alrededor de un millar y medio de versos desconocidos hasta entonces, versos que estaban lastrados con la mácula de la morbidez.

Para el año nuevo de 1799 Hölderlin expone a su hermano en una carta su concepción poética. Cómo filosofía, política y poesía podrían ir unidas es el pensamiento central, y qué tarea especial le corresponde a la poesía: No debe ser «practicada» como un juego, que sólo procura distracción.

Donde ella existe en su verdadera naturaleza, en la más íntima armonía, allí puede recogerse el ser humano junto a ella y ella le da paz, no una paz vacía, sino viva, «en la que todas las fuerzas están en movimiento». Así acerca a los seres humanos entre sí y los une. De cómo lograr que esa unión sea cada vez más libre y más íntima, tanto en la representación gráfica como en el mundo real, es de lo que trata Hölderlin. No es pequeña la exigencia de que sea la poesía la que provoque «una revolución de los modos de pensamiento y de representación», el «regreso a la patria». Hölderlin mantuvo un diálogo muy intenso con su tiempo; apenas un par de amigos lo escucharon.

Seguramente Hellingrath estaba fascinado por la exigencia de Hölderlin de una renovación política radical. Decisiva fue, no obstante, su familiaridad con la poesía y la poética del simbolismo. Stefan George fue el primero en sostener los principios del simbolismo en Alemania -Hellingrath perteneció a su círculo. Por eso estaba sensibilizado por la poesía de Hölderlin y reconocía su significación. «La renovación simbolista de la lírica ha sido absolutamente la primera en posibilitar la nueva comprensión de Hölderlin», ha expuesto con gran contundencia Paul Hoffman en su conferencia (de junio de 1994) sobre la recepción mundial de Hölderlin.

Hellingrath, al opinar que Hölderlin sólo resultaba accesible a los alemanes, nos ilustra acerca una mirada distinta sobre la recepción mundial de Hölderlin: en los últimos decenios éste ha sido uno de los poetas más traducidos, y como «poets poet» se ha convertido en un punto de referencia en el horizonte literario mundial.

Valérie Lawitschka, Hölderlin-Gesellschaft
Übersetzt von: Anacleto Ferrer Mas, Valencia